Ahora resulta que respetar el medioambiente es ser un izquierdista abnegado. Tócate los cojones, Manolo. Y resuta que ser liberal es ser un reaccionario, hay que joderse. Semejantes tonterías oigo todos los días en las calles de este país de provincianos. Lo que ocurre es que en España tenemos un problema con nosotros mismos, y es que resulta que somos gilipollas. Porque si un político opositor o un rival de cualquier clase propone un plan para solucionar cualquier cosa o para impulsar cualquiera otra, que, en realidad nos parece fenomenal, tenemos, por narices, que oponernos y no parar de buscar argumentos en contra que parecen sacados de entre las patas de un mulo y los clavos que le sujetan las herraduras.
Me refiero a esos tontos derechistas que obvian que el hombre está influyendo en el cambio climático, como si fueramos tan tontos de no oler la contaminación en nuestro ambiente, o no ver media superficie del país totalmente transformada por el hombre, unas veces para bien, otras para mal. O como si el aire puro y los bosques fueran propiedad sólamente de izquierdistas trasnochados, los cuales no son capaces de distinguir a un liberal de un fascista, aunque entre ellos el único parecido que haya sea el blanco de los ojos. Por Dios, cuanta lectura nos hace falta en España. Sobretodo a todos aquellos que ansían el poder.
Todavía estoy con el regusto a vómito que me dio escuchar el otro día al señor Yusepluis Carod decir aquello de que …en 300 años de pertenencia de Cataluña a España... obviando toda la historia de nuestro país desde romanos y visigodos, pasando por toda la reconquista, la Corona de Aragón y Fernando el Católico y pensando que Barcelona fue conquistada a sangre y fuego por tropas castellanas capitaneadas por Felipe de Anjou. Cuando en realidad, los propios barceloneses defendían a Espanya, a Catalunyta i a tota la nació espanyola, creyendo que nuestro país estaba mejor bajo la dinastía Habsburgo, que en poder de los Borbones. Pero bueno, más vergüenza pasé al ver a quienes le preguntaban, que apenas tenían idea de lo que decían -salvo honrosas excepciones-. Por eso, pienso que en este lugar del mundo, osea en la patria en que vivimos, lo que hace falta antes de abrir la boca es leer e informarse bien de la idea que se quiere defender, si no queremos que nos pase como al que escupe hacia arriba.
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