Posteado por: 1985ortiz | Noviembre 16, 2007

Qué triste historia de héroes

He estado echándole un vistazo al libro de Juan Eslava Galán Historia de España contada para escépticos. Y la verdad, me he quedado muy triste y pensativo. No por que el libro sea malo, todo lo contrario, es genial. Un libro perfecto con citas a documentos de la época y un ajuste total a la verdad histórica. Y ese es el problema. Me he dado cuenta de lo que realmente ha sido, es y será nuestra nación.

Ha sido gobernada por cobardes y fanáticos de toda índole -salvo honrosas excepciones-, donde -históricamente- siempre ha habido una gran masa de población inculta y manipulable. Hasta aquí, podríamos decir que como en la mayoría de los países del mundo -occidentales o no, el poder, el fuerte contra el débil, ya se sabe-. El problema es cuando te das cuenta de la cantidad de veces que hemos estado a punto de levantar la cabeza, de mirar al futuro como lo hicieron Francia o Inglaterra. Cuando te das cuenta que mietras los otros países luchaban contra un enemigo exterior que no les dejaba salir adelante, nosotros no necesitabamos que vinieran de fuera a ponernos cerco, puesto que nosotros mismos ya nos lo poníamos.

Esta es la triste historia de una España que le rindió honores a Fernando VII, el mayor traidor que jamás haya tenido ninguna nación como monarca. Mientras dejaba morir en el exilio a las mentes más lúcidas que jamás vieron los tiempos como por ejemplo Goya. La envidia y la ignorancia quisieron que fracasaran dos repúblicas, varias monarquías constitucionales y un sinfín de proyectos científicos y culturales que, de no haberlo impedido la cobardía, habrían sacado a España de la oscuridad en la que estaba sumida.

Por eso permítanme que en estas páginas haga un llamamiento a honrar la memoria de hombres como Padilla, Bravo y Maldonado; como Bartolomé de las Casas, como Vasco Nuñez de Balboa, como don Gaspar de Guzmán -a pesar de sus errores-; como los marinos Alcalá Galiano, Blas de Lezo, Luis Vicente Velasco, o Churruca; como los militares Daoíz y Velarde; como Juan Prim, Cánovas o Sagasta -a pesar de sus fallos introdujeron a España en la modernidad-; a escritores como Cervantes, Fray Luis de León, y sobretodo Quevedo y Galdós, que fueron los grandes hombres de su tiempo, que no dudaron en criticar los vicios del poder aún en contra de sus intereses personales. A Niceto Alcalá-Zamora, presidente de la República, quizá el único político sobrio y serio de su época. A Adolfo Suárez, que como hombre honesto, les daba mil vueltas a sus antecesores y sucesores. A los liberales Torrijos, El Empecinado, Riego o los muchos que como ellos, pagaron las canalladas del Rey Felón, Fernando VII. A científicos como Miguel Servet, Santiago Ramón y Cajal, o Leonardo Torres-Quevedo. Si la envidia y la ignorancia no se lo hubiera impedido, y el pueblo hubiera sido lo suficientemente lúcido como para darles la razón en su tiempo, otro gallo nos hubiera cantado. Porque, frente a la vergüenza ajena que producen otros, estos sí hacen que te sientas orgulloso de ser su compatriota.

Dejar una respuesta

Su respuesta:

Categorías