El otro día, en una página web, una buena paisana básicamente acusaba de -digámoslo así- no contribuir a la igualdad de sexos -ella supongo que diría géneros- a el autor español Arturo Pérez-Reverte. No suelo responder ni contestar a la gente que interpreta parcial e interesadamente un artículo, y menos a fanáticas del feminismo -las feministas de verdad tienen más cultura-. Pero esta vez además de tocar a uno de mis autores favoritos, percibí que esta señora no se había enterado de nada y por si fuera poco demostraba con pelos y señales su erronea teoría. Con lo cual decidí dedicarle a tan confiada autora el siguiente comentario:
“Bueno, yo personalmente te puedo explicar el artículo de Don Arturo (Pérez-Reverte). Pero no me vas a entender. O no me vas a querer entender. Pero lo cierto es que no se pueden sacar de contexto frases sueltas o incluso artículos. He leído mucho de Reverte. Es un genio, simple y llanamente. Y juro por mis muelas que jamás he percibido ninguna intención de hacer apología del machismo. Vamos a ver, lo primero que hay que saber es en el contexto de qué sección quiere el autor publicar su opinión, ya que, muchas veces para hacer llegar la noticia hace gala de la guasa que hay en su genio, y si no miras un poco más allá no lo puedes entender. Lo segundo es saber claramente a cuento de qué viene cada afirmación. “¿Acaso no se mata a los caballos?” es una obra literaria no me acuerdo ahora mismo de qué autor anglosajón. Y lo segundo, es muy normal comparar personas con animales. Y no creo que por criticar ciertas modas o formas de vestiar o de comportarse nadie tenga que ser un falócrata empedernido. Y luego está el tema de la lengua. Pero para eso debería explicarte el género neutro latino y la ley del mínimo esfuerzo. No tiene nada que ver con la discriminación sexual.”
“Lo triste es que haya gente que se dedique a criticar estas opiniones personales sacándolas de contexto -y cuando digo contexto me refiero a entender el lenguaje inteligente del novelista cartagenero- y desvíe la atención de principal tema de la cuestión. Lo que consigues criticando cualquier cosa que se te imagine a ti que huele a machismo es que no te hagan ni caso. Y que la gente considere menos graves los temas que de verdad son graves, como el machismo de verdad, me refiero desde el empresario que despide a una embarazada hasta a los hijos de puta que le amputan los genitales y le roban el control de su vida a una mujer argumentando seguir su supuesta tradición cultural.”
“Y creo que mi amigo el corsario, ya ha explicado en más de una ocasión su repulsa por el verdadero machismo. Dicho de otro modo -para quienes no entiendan mi argumentación anterior-, salvo calumnias, amenazas y demás supuestos previstos en el código penal, cada uno puede escribir lo que le salga de los cojones (o de el chumino).”